Pero no cegarías a cualquiera, sólo a alguien como yo.
Llegaste de la manera más extraña posible, no te contaba mis problemas para que les dieras solución o me consolaras, no, sólo me interesaba conocer la manera en la que alguien como tú lo tomaría, ¿qué pensarías?
Aún así comencé a poner esperanzas vanas en ti, confíe en que tus manos serían lo suficientemente fuertes para estrechar una mano tan herida y laxa como la mía, pero no pudiste con eso, confíe más de lo que debía, sembré semillas que nunca cosecharía .
Me apena tu dulzura pues te hace más vulnerable a mis ponzoñosas palabras que nunca me ha interesado cuidar, y menos ahora.
¿Te das cuenta de que tan malo soy? Grábalo en ti.
Al final haces lo que todas. . .
Me recuerdas que tan malo y cruel puedo ser, y me reclamas como uso mi inteligencia contra tus palabras que a pesar de ser más quedarían cortas.
¿Te diste cuenta de lo más importante?
Yo nunca dije ser bueno para ti, ni merecer un intento que valiera la pena, pero casi prometiste algo, algo que no ibas a cumplir, conocías tus miedos y aún así entraste en el juego pero no apostaste, tenías un resguardo y yo nunca lo tuve, lo dejé desde el momento en que respondí el primero de tus tantos mensajes extraños, sabía que quien perdería más sería yo y aún así lo intenté y me arriesgué con lo poco y dañado que tenía , ¡Pero era todo! Y lo dejaste caer al suelo, roto, como siempre debió quedarse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario