Lou:
Es masiva mi impureza. ¿Sabías que tan real podía ser cuando fijaste tus ojos en mi? Podías traspasarme ¿Y qué había? Algo que para ti valiera la pena. Una exclusividad, un ser diferente que muchos añorarían.
Lou, al final no puedo separarte de la mayoría, eres como ellos y más que tu ausencia y tu abandono eso es lo que lastima la poca alma que me queda.
Cuando llamaste a la puerta de mi camino probablemente no era lo que ahora poco presumo de ser. Tal vez había una bestia dormida, tranquila, sin saber cómo la mantenía sin alborotarme ¿Y ahora? Desataste sus cadenas , las cadenas que me ataban al mundo que la mayoría vive, a su mundo que no me llena y que no es para mi. No importaría si tu cálida mano se mantuviera encerrando las mías de un trato tosco, no importaría si al despertar no fuera el sol quien me bañara si no tu inocua respiración, no importaría Lou, si te hubieses atrevido a vivir en el peor y el mejor de los mundos conmigo.
Siendo sincero, no podía ofrecerte mucho, y ahora menos pues a razón de mi cólera he tirado y roto los pocos muebles que adornaban mi choza en la cúspide de la montaña. ¿Qué había en mi regazo que valiera la pena otorgarte a manos llenas? Estoy seguro de que te formulaste el mismo cuestionamiento. Quisiera conocer tu respuesta pero sabiendo como eres tú, y como lo tomaría yo, me lastimará más, si es posible, tus amables palabras.
En mi había autoridad y el hambre del éxito que quería cosechar por mi, para ser mejor para ti. Me llamaste único más de una vez y no erraste en ello, pero resulté tan particular que fui fácil de romper e imposible de reparar. ¿Tenías más miedo tú que yo? Tenías miedo de éste ser ególatra y egoísta que te quería sólo para si mismo. ¿Sabes? Me temo a mi mismo.
Ahora que me dejas caer en el abismo de mis incontables enfermedades reforzaré los escudos que tú a duras penas lograste arrebatarme, me hiciste sentir desnudo pero tus brazos parecían tan cálidos que por un momento olvidé que lo estaba.
Shane Nietzsche.