Armonía discordante de las cosas
Me pregunto si así se escuchan mis sentimientos hacia ti. ¿Saldrán de mi cabeza y podrán alcanzar el laberinto en tus oídos?
Para algunos no serán otra cosa que un ruido tan molesto como el de las gotas cayendo incesantes a causa de una llave defectuosa.
Para ti, me gusta pensar que en conjunto forman tu canción favorita. Aquella que no dedicarás a nadie más que a ti mismo, para no arruinarla con inútiles recuerdos de fracasos al azar.
En momentos como este, no estoy segura de si crecimos juntos o solamente somos una versión agrandada de lo que éramos, que se sabe mover con mayor disimulo. Pero, lo que de ello importa es que lo hicimos juntos y así seguirá siendo.
Me eleves, me ahogues, me sonrías, me llores, me transformes y descompongas: lo seguiré haciendo a tu lado.
Hemos reconocido la existencia de más de un sendero. Y es por ello, no te negaré, que a veces disfruto de alejarme del tuyo y explorar los aledaños para empaparme de experiencias que terminaré inyectándote para que te rías o te enojes conmigo. Pero eso sí, sin conocer lo que es el aburrirse de ese otro ser humano tan atrofiado que tienes en frente.
Ahora con los ojos cerrados y las piernas atadas, aún así se volver a ti, por memoria muscular y emocional. Porque deseo hacerlo.
Ya no me siento atrapada. Ya no me ata a ti una liga que estiraré y que tarde o temprano me hará volver. Lo único que me mantiene aquí y estable -lo que menos se ofrecer en mi vida- es mi deseo por ti. Mi deseo de ti a mi lado, amándote cada vez mejor que durante el espiral anterior.