sábado, 20 de agosto de 2011

El camino que nunca se abandonó

En vez de curar, ese animal, abrió y profundizo más las heridas.
Queríamos ver sangre y gustoso nos complacía. Le terminamos matando. Aún necesito ver desolación roja correr. Lo necesito. Todo mi cuerpo tiembla, necesito una manera de sacar ésta desesperación, los gritos ya no funcionan que hasta mis propios tímpanos he lastimado y no escucho con claridad lo que mi monstruo durmiente quiere comunicarme. Tendré que despertarte y cuando lo haga tal vez la sangre que fluya, que obstruya, que provoque , sea mía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario